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Redactar contratos, ofertas e informes con IA

Hay dos mediciones y, a primera vista, se excluyen entre sí. Redactando borradores de contrato, la IA quedó **al nivel del abogado humano**: 57 % frente a 56,7 % de fiabilidad, y en menos de un minuto en lugar de trece. En investigación jurídica, en cambio, hasta las herramientas especializadas líderes del mercado **alucinaron entre un 17 % y un 33 %**. No es una contradicción: redactar un borrador y encontrar una referencia no son la misma tarea.
12 de septiembre de 2026 por
Redactar contratos, ofertas e informes con IA
Krisztian Eyssen, Krisztian Eyssen

Dos mediciones, dos resultados

La primera: buscar referencias. Un estudio preregistrado y revisado por pares probó con 202 preguntas jurídicas las tres herramientas de investigación líderes del mercado creadas expresamente para el ámbito legal; es decir, no chatbots generalistas, sino sistemas conectados a su propia base de datos jurídica.

Herramienta Correcto Alucinado Incompleto o rechazado
A 65 % 17 % 18 %
B 41 % 33 % 25 %
C 19 % 17 % 62 %

Importa qué significa aquí «alucinado»: o bien afirma algo falso, o bien se apoya en la fuente equivocada. La segunda es la peligrosa: la referencia existe, solo que no dice lo que el texto sostiene que dice. Buscar la referencia y encontrarla no atrapa ese error.

La segunda: redactar borradores de contrato. Un estudio comparativo de 2025 repartió 30 tareas reales de redacción contractual entre 13 soluciones de IA y un grupo de control humano: abogados mercantiles de empresa con diez años de experiencia de media. La segunda ronda fue doble ciego.

Humano Media de la IA
Proporción de salida fiable 56,7 % 57 %
Utilidad (en escala de nueve) 7,53 7,25
Tiempo dedicado ~13 minutos menos de 1 minuto

(Este estudio no es una publicación académica revisada por pares, y participaron en él varios de los fabricantes medidos; conviene leer las cifras con esa reserva.)

Saltan a la vista dos cosas. Una, que la línea base humana tampoco es impecable: los abogados con experiencia dieron salida fiable según los criterios del benchmark solo en algo más de la mitad de los casos. Y dos, que lo que decide es el tipo de tarea. Formular algo cuya estructura ya se conoce funciona. Averiguar en qué se puede uno apoyar, no.

La cita inventada: 2.039 casos documentados

Para esto no hay una estimación, hay un registro.

Una base de datos que se mantiene al día recoge los asuntos judiciales en los que una referencia inventada por IA acabó en un escrito. Situación a 12 de septiembre de 2026: 2.039 casos. La última entrada es de dos días antes.

País Casos
Estados Unidos 1.396
Canadá 217
Australia 110
Israel 57
Brasil 41
India 15
Francia 13
Alemania 11

La metodología es más estricta de lo que imaginas, y eso es lo que hace útil la cifra: solo entra la resolución en la que el tribunal constató expresamente que una parte se apoyó en contenido alucinado. La mera alegación no basta. O sea, que 2.039 es una cota inferior.

Las sanciones ya no son simbólicas. Según un recuento, en el primer trimestre de 2026 se impusieron al menos 145.000 dólares en multas por referencias falsas generadas con IA; la partida individual más alta fue de 30.000 dólares en un tribunal de apelación, contra dos abogados, rematada con costas de letrado y el doble de costas procesales: allí más de dos docenas de referencias resultaron ser erróneas, mal interpretadas o inexistentes. En un solo día, el 31 de marzo de 2026, diecisiete resoluciones judiciales estadounidenses mencionaron una presunta alucinación de IA.

Esa cifra crece cada semana: si en algún sitio ves 1.200 o 1.600, es una instantánea anterior de esa misma base de datos.

Lo que piden las normas

Esto no es asesoramiento jurídico ni lo sustituye, pero los documentos de los colegios profesionales son lo bastante claros como para que aprenda de ellos cualquiera que haga redactar documentos a una máquina.

La guía de octubre de 2025 de los colegios de abogados europeos dice tres cosas:

  • la salida hay que comprobarla antes de que entre en el trabajo;
  • los datos de cliente o confidenciales no se meten en la interfaz sin garantías adecuadas, y el motivo que dan es que lo introducido puede almacenarse y el proveedor puede usarlo para entrenar;
  • la responsabilidad se queda donde estaba: del trabajo, del consejo y de las afirmaciones responde la persona.

También ponen nombre a dos riesgos que conviene recordar: la relajación por automatización y la tendencia del modeloa darte la razón en lo que quieres oír.

Y una frase de su anexo técnico de marzo de 2026 va mucho más allá de la abogacía: que tu prompt se use o no para entrenar no lo decide la arquitectura del modelo, sino el contrato, la configuración técnica y la política del proveedor.

El dictamen deontológico estadounidense (2024) añade dos puntos más, y los dos son trasladables a cualquier profesión:

  • la cláusula de estilo no es consentimiento. Una estipulación genérica en el contrato que «autoriza el uso de IA» no basta: hay que decir para qué la usas y con qué riesgo;
  • en el trabajo por horas puedes facturar el tiempo que realmente dedicaste. Si la máquina lo hace en una hora en vez de tres, a la factura va una hora. Comercialmente esto pesa más que cualquier cuestión técnica.

La regulación profesional nacional, en cambio, no avanza al mismo ritmo. A la misma pregunta —qué puede hacer un abogado con IA generativa— dos Estados miembros dan hoy dos respuestas completamente distintas. Despliega la que te afecte:

Hungría — no hay norma colegial de alcance general

En Hungría, en septiembre de 2026, no hay ninguna norma colegial de alcance general sobre el uso de la IA generativa por parte de los abogados. Existe una única postura profesional, de objeto muy limitado y con fecha de 13 de julio de 2026, y además va específicamente sobre la conversión de voz a texto en húngaro, no sobre la redacción de documentos.

Eso ya es noticia en sí: la orientación a escala de la UE existe, el detalle nacional no. Un abogado húngaro que use IA hoy puede apoyarse en la recomendación de la federación europea y en las reglas deontológicas generales, no en una circular de su colegio.

España — circular deontológica vinculante y cuatro multas judiciales

El Consejo General de la Abogacía Española publicó en abril de 2026 una circular interpretativa vinculante del código deontológico sobre el uso de la IA generativa. Según ese texto el uso es lícito en sí mismo, pero el modelo «no debe operar como un sustituto» del profesional, sino como función auxiliar sujeta a supervisión humana. La responsabilidad es exclusiva: el fallo técnico de la herramienta no exime, y las empresas desarrolladoras nunca pueden considerarse responsables en el plano deontológico.

La sanción no es teórica: la circular califica de infracción grave —ofensa a la dignidad de la profesión— asumir citas sin verificarlas, y de muy grave si la conducta es burda o reiterada. La infracción se consuma con la presentación del escrito; la subsanación voluntaria a tiempo todavía puede evitarla. El colegio de Madrid tiene además su propia guía de buenas prácticas, de octubre de 2025.

Y hay de dónde aprender: los tribunales españoles están multando uno tras otro. En febrero de 2026 un tribunal superior de justicia impuso 420 euros por citar 48 sentencias inexistentes, fijando la cuantía expresamente en «la mitad del coste aproximado de una suscripción anual a una herramienta de IA jurídica». En julio, el mismo tribunal puso 840 euros por 25 citas inventadas, y otro tribunal superior 1.800 euros por 24. Los tres casos se remitieron al colegio correspondiente.

Los jueces tampoco quedaron fuera: según una instrucción de 28 de enero de 2026 del Consejo General del Poder Judicial, en la actividad jurisdiccional el juez solo puede usar los sistemas de IA que le faciliten las administraciones competentes en materia de justicia o el propio Consejo; las herramientas públicas de propósito general quedan por tanto excluidas. También los borradores de resolución, y siempre con revisión personal completa y crítica.

Seis cosas que siempre tiene que revisar una persona

Esto no es una opinión: detrás de cada punto está alguna de las fuentes citadas en este artículo.

  1. Toda referencia. Precepto legal, resolución, norma técnica, contrato anterior. Y no basta con que exista: también hay que comprobar que dice eso.
  2. Toda cifra, fecha, plazo e importe. Son los errores más fáciles de comprobar y los más caros de dejar pasar.
  3. Todo lo que exige criterio profesional. El dictamen deontológico prohíbe expresamente descargar esa responsabilidad en la máquina.
  4. Qué puede entrar siquiera. Meter datos de cliente no es un paso técnico, sino una decisión previa.
  5. Que estén los elementos obligatorios. La IA no avisa de lo que falta: solo da forma a lo que hay.
  6. El tono y la ambigüedad deliberada. En el experimento sobre borradores de patente fueron dos dimensiones de evaluación propias, no una cuestión de estilo.

El error más frecuente no es la mentira, sino la omisión

Mira otra vez la tercera fila de datos de la primera tabla: 62 % de respuestas incompletas o rechazadas.

Ese es el mejor dato sobre lo que menos esperamos en un entorno de oficina. La IA no llena el documento de mentiras. Omite. Un apartado, una estipulación, un elemento obligatorio, y aun así la salida sigue quedando redonda, legible y segura de sí misma.

Por eso no basta con releer lo que escribió. Hay que cotejarlo con una checklist que salga de tu plantilla, no de su salida. Lo que la máquina no escribió no te va a llamar la atención mientras lees su texto.

Lo que le pasa a la pericia

Un experimento de campo aleatorizado de septiembre de 2026, de tres meses, en once despachos y con 133 agentes de patentes, midió con evaluación ciega la calidad de los borradores en cinco dimensiones.

La calidad mejoró de forma significativa. Pero la formulación de los autores es más precisa: la mayor parte de la mejora vino de evitar el trabajo muy malo, no de alcanzar el mejor. La IA subió el suelo, no el techo.

Y el hallazgo más interesante: en ciertas tareas, los profesionales con experiencia mantuvieron la mejora incluso sin IA después del experimento. En los júnior no hubo una ganancia de habilidad consistente: hubo quien mejoró y quien empeoró.

Ese es el mejor argumento para que un humano revise el borrador: no solo por el error, sino para que dentro de cinco años siga habiendo alguien capaz de detectarlo.

La receta

1. LA PLANTILLA ES TUYA, NO DE LA MÁQUINA
   Primero la plantilla, luego la generación. La lista de
   elementos obligatorios va en un archivo aparte.

2. DATOS, NO UN ENCARGO
   Dale los hechos: partes, importes, fechas, servicio.
   No le pidas «escríbeme un contrato».

3. PIDE UNA CITA LITERAL CON CADA REFERENCIA
   Si no puede adjuntar el pasaje palabra por palabra,
   la referencia se cae.

4. COTÉJALO CON UNA CHECKLIST, NO LO LEAS SIN MÁS
   La omisión no se ve leyendo. La lista sí la caza.

5. LOS NÚMEROS, EN UNA PASADA APARTE
   Fecha, importe, plazo, porcentaje. Uno a uno,
   desde la fuente, no desde el borrador.

6. LO CONFIDENCIAL NO ENTRA
   Nombre de cliente, dato personal, secreto comercial:
   solo donde el contrato lo regule expresamente.

El segundo punto es el que más diferencia de calidad marca. A «escríbeme un contrato de servicios» te responde con generalidades; a una plantilla cargada de hechos, con un borrador utilizable.

Malentendidos habituales

  • «La herramienta hecha para lo jurídico no alucina.» La medición probó justamente esas: alucinaron entre un 17 % y un 33 %, conectadas a su propia base de datos jurídica.
  • «Busqué la referencia y existe.» El tipo de error peligroso no es la fuente inexistente, sino la que existe y dice otra cosa.
  • «Si estuviera mal, lo vería.» El error más frecuente es la omisión. Sin checklist, el apartado que falta no se nota.
  • «El trabajo humano sería impecable.» No lo es. En esa misma medición la línea base humana fue del 56,7 %. La pregunta no es la perfección, sino quién responde.
  • «Es más rápido, así que es más barato.» A nivel de tarea sí: menos de un minuto en lugar de trece. A nivel de jornada, la medición más estricta muestra un 2,8 % del tiempo total de trabajo, porque la comprobación se lleva parte de la ganancia.

Lo que conviene llevarse

En la redacción de documentos, la máquina llega al nivel humano en formular y no llega en referenciar. En la práctica esas dos tareas se mezclan en el mismo texto, y por eso hay que separarlas: las frases puedes delegarlas; el respaldo, no.

Y la responsabilidad no se mueve. Quien presenta el documento responde de él, y así lo dicen por igual la guía europea y el dictamen deontológico estadounidense, con 2.039 casos judiciales detrás que demuestran que se lo toman en serio.

Qué pasos de la lectura y la investigación compensa hacer con máquina lo detalla con mediciones el post leer más rápido ; y el ahorro diario de tiempo en la oficina lo desglosa por tipo de tarea el post el ahorro real de tiempo , con las cifras.

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Krisztian Eyssen, Krisztian Eyssen 12 de septiembre de 2026
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